¡Libertad para la Madre Tierra!

Madre Tierra

Fotoreportaje 1 - III Minga de Comunicación por la Liberación de la Madre Tierra

Escrito por liberemoslatierra 24-12-2016 en Minga de Comunicación. Comentarios (0)

Fotoreportaje 1

En el territorio Kwe'sx kiwe (Guanábano – Corinto) se realizó la Tercera minga de comunicación por la Libertad de la Madre Tierra, donde participamos compañeros y compañeras de diferentes territorios para compartir experiencias comunicativas en base al proceso que se viene llevando frente a la liberación de la Madre Tierra.


Se contó con las experiencias de la Escuela de Comunicación del Pueblo Wayuu, Semillas de identidad Caldono, Universidad Autónoma Indígena Intercultural, Guardia Indígena, entre otras delegaciones de luchas y procesos que también liberan la Madre Tierra, quienes dieron a conocer las diferentes amenazas geopolíticas en sus territorios ancestrales, las estrategias usadas para seguir resistiendo y los muchos logros que han alcanzado en su camino ejemplar.


En el transcurso del encuentro, también se analizó los diversos mecanismos y estrategias del uso de las tecnologías de la información y la comunicación, en especial la internet, en el marco del Cuidado y la Liberación de Nuestra Madre Tierra.


Para avanzar en las temáticas de trabajo, se propuso el espacio de análisis en grupo; donde se concluyeron  puntos específicos como el uso adecuado de las redes, como estrategia política para la defensa de la identidad cultural y territorial de los pueblos originarios.


Además se realizó un recorrido por otra de las fincas donde se está llevando a cabo el proceso de la Liberación de la Madre Tierra. En este y otros lugares, los mingueros y mingueras realizaron una minga comunitaria para sembrar semillas propias de la región. (Fotoreportaje 2)




Libertad y alegría con Uma Kiwe: Palabra del proceso de liberación de la Madre Tierra

Escrito por liberemoslatierra 17-12-2016 en Nuestra palabra. Comentarios (0)

Libertad y alegría con Uma Kiwe


La tarde cayendo. Cantos de fiesta y funeral loma arriba. Dentro del ataúd, un compañero. Silbos de pájaros, voces de animalitos en el monte, en el suelo, debajo del suelo. Llantos o risas en los rostros. Dolor y rabia en el corazón. Los bastones de mando empuñados: rebeldes, invencibles. Los nasas jamás serán vencidos. La memoria viva de miles de años. Y en ella, un compromiso:

No descansaremos hasta Verla en libertad.

En medio de los cantos, las risas, los abrazos, los sollozos, las voces, la rabia contenida, la rebeldía palpitante en nuestras venas…, en medio de todo, su cuerpo retornó al seno de la Madre Tierra. Le habían disparado para que cayera y murió de pie. Le habían disparado para silenciarlo, para oscurecerlo. Los espíritus no duermen: desde lo alto de la loma de El Pílamo hoy alumbra el caminar del pueblo nasa.

¿Lo recuerdan? Guillermo Paví Ramos, indio nasa, joven de 19 años, rebelde, frentero, asesinado el 11 de abril de 2015 por las fuerzas armadas del Estado colombiano; cuál fuerza pública: vigilancia privada de los amos del mundo.


Somos la tierra donde se sembró su ombligo

¿Que quiénes somos? Venimos siendo los hermanos, las hermanas, las amigas, los parceros, los sobrinos, la comunidad, la tierra donde se sembró su ombligo hace 20 años. La continuación de la lucha de Guillermo Hijo, de Guillermo Padre, también asesinado; la familia de los veinte de El Nilo, masacrados: Darío, Ofelia, Carolina, Adán, Edgar, Otoniel, Mariana, Eleuterio, Tiberio, Floresmiro, Mario, María Jesús, Nicolás, Feliciano, Calixto, Julio, José Jairo, Jesús Albeiro, Daniel y Domingo; la parentela de los trece de Gualanday -entre ellos siete kiwe thegna- masacrados, los ocho de San Pedro, masacrados, los cien de El Naya, masacrados, y los cinco de López Adentro, masacrados (...); la familia de Cristóbal, de Marden, de Benjamín, de Álvaro Nasa Pal, asesinados (...); la tribu de Anatolio; la descendencia de cientos de hombres y mujeres que cayeron liberándola, genocidiados; la siembra de Quintín Lame, de Juan Tama, de La Gaitana y sus veinte mil guerreros que enfrentaron la primera arremetida; la prolongación de la remota danza de Uma y Tay en la que se conocieron, se enamoraron y formaron pareja.

Cansadas de recibir coscorrones, ultrajes, basura, migajas venimos siendo las comunidades del pueblo nasa que nos paramos frente a Goliat y le largamos una pedrada en la frente:

Munchique, Huellas, López Adentro y Corinto; asentadas en las fincas de Quitapereza, Los Mangos, La Emperatriz, Canaima I, II y III, La Albania, Quebrada Seca, Miraflores, García Arriba, García Abajo, Caucana, Cultivos, Granadita, Vista Hermosa, San Luis Abajo y las que vienen. Unas de Incauca, otras al servicio de Incauca, la mayor refinería de azúcar de Latinoamérica, según dicen sus dueños.

Somos comunidades del consejo regional indígena del Cauca, CRIC, caminando su plataforma de lucha: liberar la tierra, ampliar el territorio, no pagar terraje.

Volvimos a nuestra tierra, ahora en manos de lugartenientes de la agroindustria y del sistema financiero mundial. Venimos siendo las comunidades en proceso de liberación de la Madre Tierra, Uma Kiwe, y que no descansaremos hasta Verla en libertad.

Y venimos, a 25 años del duro golpe de la masacre de veinte hermanos y hermanas en El Nilo y su siembra en esa tierra liberada, y a dos años de haber ocupado nuevamente estas fincas, a contarles de dónde nace eso de liberar la Madre Tierra, de quiénes, para qué, cómo lo estamos haciendo y qué sigue.


Un poco de historia

Era joven y lloraba en medio de una fiesta. Una fiesta de diciembre, el segundo que celebramos en una aldea de la liberación. Al rato supimos por qué. La aldea, en un recodo del cañaduzal de la hacienda Miraflores, estaba colmada de música, comida, chicha, gente, perritos. Comimos, bebimos, bailamos y nos dimos el feliz año.

Las tierras que hoy ocupamos, las fincas en proceso de liberación, son nuestras. Estamos aquí porque son nuestras. Sino no estaríamos. O es que nos ven cara de qué. Claro que las escrituras figuran a nombre de otros dueños y eso es lo que confunde.

Hace muchos años estos valles eran tierra y hogar de nuestros pueblos que vivían en esta región que hoy se llama suroccidente de lo que hoy se llama Colombia. Vivían a lo bueno, dedicados a comer, beber, mascar, ofrendar, tejer, danzar… Un día de 1535 llegó la Conquista. Una noche nos acostamos nasa y amanecimos “indios”. Empezó la explotación de nuestra tierra, que se convirtió en teatro de operaciones. Desde entonces no tenemos paz ni descanso.

Tres años después, cuando los conquistadores habían sacado las uñas, una mujer muy mujer, La Gaitana, no aguantó más y se levantó en armas para defender la Tierra. Organizó un ejército de 20 mil guardias nasas, yalcones, pijaos, timanaes… y defendió el honor y la tierra de nuestros pueblos, la misma que ahora pisamos, la misma a la que ahora hemos retornado. La guerra de resistencia que ella inició duró 120 años, tal vez la más larga que pueblo alguno haya librado en la historia. La resistencia que ella inició cumple 478 años. Sin paz ni descanso.

Paramos la guerra. No porque hubiera muerto el sueño de defender la Tierra sino porque hubo un cambio de estrategia.  Al final de la guerra nuestra vida había cambiado para siempre. Muchos pueblos se unieron y formaron nuestra actual nación nasa. Por allá en 1700, los caciques Juan Tama y Manuel de Quilo y Sicos lograron un acuerdo con el imperio español y desde entonces vivimos apretados en territorios llamados resguardos. Pero vivos y juntos. Los nasas jamás serán vencidos, sentenció Juan Tama. Luego, los resguardos fueron invadidos desde la naciente Colombia, en el siglo diecinueve, y nos volvimos terrajeros, esclavos de terratenientes. Y nos volvimos a levantar al amparo de la voz de Quintín Lame y con la ley bajo el brazo, empezando el siglo veinte. A mitad del siglo, la guerra que desangró a Colombia (la Violencia) nos desplazó de nuestras tierras y llegamos a regiones como El Naya, de donde 50 años más tarde nos volverían a desplazar. El caso es que con la memoria de Quintín, picando y sembrando, recuperamos la tierra antes y después de 1971. Tierra para la gente. Unas 120 mil hectáreas en el Cauca.

A fuerza de memoria y rebeldía volvieron a brotar de los vientres hombres y mujeres libres en nuestros territorios. La libertad viene con la tierra. Escuchando a Nasa Pal nos organizamos en planes de vida, en los que la conciencia crítica nos ayudó a alumbrar el camino por venir, que bien oscuro que sí se presentó. Gente para la tierra.

Ya no fuimos terrajeros, ya no fuimos esclavos al servicio de un terrateniente. Eso logramos. Hasta que el mundo cambió y el neoliberalismo se nos metió por las narices. En 1991 nos dieron la bienvenida al futuro con un pacto político, el segundo desde la Colonia, sellado en la Constitución Política de ese año, y con la masacre, el 16 de diciembre, de nuestros 20 hermanos y hermanas cuyos nombres abren este escrito. La bienvenida al futuro fue eso: el neoliberalismo que vendría a arrasarnos de una vez para siempre. Ahora está claro: un pacto político con el que ganaban ellos, mientras nosotros debíamos contentarnos con el rincón al que nos habían destinado, con las migajas de un Estado que poco a poco iría siendo entregado a los amos del mundo. Con la masacre de los Veinte nos advirtieron lo que sería la vida en adelante. De vuelta al terraje: se rinden o se mueren. ¿Y la larga resistencia de la Gaitana, y la habilidad política de Juan Tama y Manuel de Quilo y Sicos, y el levantamiento de Quintín, y los planes de vida, dónde quedaban? Ninguna de las dos, vivimos porque no nos rendimos.

La fuerza de los planes de vida nos alcanzó para caminar largas zancadas hacia la autonomía. Nos alcanzó hasta para proponer una alternativa que movilizó e inspiró a todo un país. Pues por la misma época en que reclamamos otro mundo “posible y necesario” (2004) pusimos en jaque el tratado comercial con los Estados Unidos, el TLC (2005), entramos en La Emperatriz (2005), visitamos Colombia para decir y escuchar cómo la queremos (2007) y volvimos a visitarla un año después para recuperar la dignidad de los pueblos sin dueños. Pero ese tiempo pasó como un suspiro. Todo aquello fue desmantelado y desde entonces avanzan dos agendas, la institucional y la comunitaria.

Aquí seguimos nuestra agenda con veinte hermanos y hermanas que la encabezan. Van adelante levantando una bandera verde y roja. ¿Los ven? Sabemos andar porque hay compañeros y compañeras que van adelante. Y el sueño sigue intacto: liberar la Tierra del poder que nos invadió un día de 1535 -poder que ahora se ha sofisticado- para vivir con ella danzando, bebiendo, comiendo, mascando, ofrendando, tejiendo… con todos los pueblos del mundo, con todos los seres de la vida. Eso era la vida antes de la Conquista y eso volverá a ser algún día.

Ya va siendo. La Constitución del 91 no nos iba a encandelillar para siempre. Nos frotamos los ojos y, como dijimos, entramos en La Emperatriz -lugar donde se planeó y desde donde salió el operativo militar que nos quitó a Veinte- el 2 de septiembre de 2005 después de 14 años de letargo. Logramos que el gobierno firmara un convenio por 20 mil millones de pesos para compra de tierra. Pero es que son caripelaos, marrulleros, tramposos, morrongos. Incumplieron, como han incumplido otros 1200 acuerdos, según cuentan. Al pueblo nasa, por ejemplo, nos han incumplido, entre decenas, la reparación por la masacre  de Veinte, que cumple 25 años.

Esperamos, aprendimos, volvimos.

Al perro no lo capan dos veces. El 14 de diciembre de 2014 un grupo de comuneros y comuneras, sin más título que 476 años de andar arisco y miles de años de memoria silvestre, entramos en cuatro fincas, dos de ellas de Incauca, del magnate que moja unos cuantos renglones en Forbes, la revista donde aparecen los más ricos del mundo, o sea, los que más despojan.

Y así es como llegamos a este cruce de caminos de la historia:  Cansadas de recibir coscorrones, ultrajes, basura, migajas somos las comunidades del pueblo nasa que nos paramos frente a Goliat y le largamos una pedrada en la frente. Por primera vez desde la Conquista pasamos a la ofensiva. Y con una honda hecha por nosotros mismos.

La lucha armada, los acuerdos y la maniobra, el aprovechamiento de la ley del Estado, el levantamiento, la organización a partir de la conciencia crítica, juntarnos por otro mundo posible y necesario son las estrategias que nos han sustentado. Son la palabra que nos alimenta. De todas hemos aprendido por montones. Por ellas seguimos diciendo “presente” en el libro de la vida. Otros pueblos dicen “presente” en libros de papel. Ahora, después de tanto andar y aprender, más que nunca recurrimos a la memoria y a la rebeldía. Es claro que el paso que damos en este cruce de caminos nos abre una nueva etapa como pueblo. Por lo mismo vamos a ir sumergiéndonos cada vez más en nuestra memoria ancestral, en nuestra sabiduría originaria, la palabra, de entre todas, que nos da la garantía de lo que andamos buscando. La palabra nasa, que tanto tiempo ha aguardado para hablar, ahora levanta la mano, sin soltar la honda, y dice: “¿Rebelión? ¿Revolución? ¿Reforma? Lo nuestro es el wët wët fxi'zenxi”.

Y claro, ya se estarán preguntando qué fue de toda esa tierra que antes era “nuestra” ahora de quién es. Si nos arrinconaron contra las peñas, qué pasó con el gran resto. La respuesta es corta: del sistema mundo, del encadenamiento productivo mundial. De grandes terratenientes. De un ricachón industrial que alcanza a pellizcar lugar en Fobes y es dueño de medios de comunicación a través de los cuales predica pero no aplica el amor al prójimo.

Un dato: dentro de un tiempo estas tierras van a ser nuestro hogar. Por qué: porque son nuestras; porque andamos tras ellas desde hace tres décadas; porque desde La Empera planearon la masacre y salieron los asesinos de los Veinte; porque dentro de ellas hemos derramado sangre nasa y donde cae sangre nasa hasta ahí llega el mojón; porque si no se restablecen los ecosistemas del valle y la montaña, estamos fritos; o sea que sin ellas no podemos alcanzar el wët wët fxi'zenxi. Y porque por nuestras venas corre la misma sangre de los primeros guerreros, la misma de los caciques que fundaron nuestra modernidad, la misma de Quintín y la de quienes con él se levantaron, la misma de todos y todas las que han caído sin descanso por Verla en libertad. Y vea usted cómo es la vida: la misma de una jovencita que llora en una fiesta de diciembre.

Julia, aquella noche de diciembre, recordaba a su papá, asesinado por la guerrilla cuando era niña.  Ahora es kiwe thegna. En la guardia conoció a su compañero, se embarazaron, tuvo su hijo, a quien regalará el bastón que a su vez le regaló su compañero. “En la guardia voy a morir, nunca me pienso salir”, dijo, y sonrió por primera vez esa noche. Kiwe thegna: guardiana del territorio.


La tierra en Colombia. Que hablen los números

Ya que tocamos el tema entremos en él. ¿Cuánta tierra tenemos? ¿De quién es la tierra en Colombia? Quedémonos con algunos datos porque un estudio más profundo y detallado vendrá con el tiempo. Y entendamos de dónde vienen y por qué los comentarios racistas de que tenemos mucho y queremos más. Y por qué decimos que la tierra está en pocas manos y está esclavizada y más. Los números tienen la palabra. Y toca con paciencia porque pesan más que un guango de leña.

Vamos a basarnos en datos de estudios oficiales y académicos, y en una calculadora científica, para evitar miradas maliciosas. Algunos datos ya los hemos recogido en el libro Seguimos en Minga por la libertad de la Madre Tierra. Jum, un libro tremendo ese, se lo recomendamos.

Vamos a Colombia:

- Colombia tiene cinco millones de hectáreas entregadas en concesión para minería. 25 millones de hectáreas van que se las pelan para allá mismo porque tienen solicitud minera. Las tierras pretendidas para minería abarcan nuestros territorios. La tierra dedicada a la minería ya no es nuestra porque sirve a otros patrones y la ganancia se va toda para afuera. Tierra esclavizada y desmembrada, pues.

- Del total de la tierra en Colombia, el 0.4% de los propietarios es dueño del 41.1% de la tierra (según el último censo agrario). Los ganaderos tienen 45 millones de hectáreas. Hay 24 millones de vacas en Colombia. Una vaca tiene dos hectáreas. Cada vaca produce unos 800 litros de gas metano cada día, gas que produce fiebre a Uma Kiwe. Tierra enfermada, pues.

- En Colombia hay 36 páramos y en 26 de ellos el gobierno concedió licencias ambientales para permitir minería. Más tarde la Corte Constitucional le puso el tatequieto al gobierno. Y lo mismo debemos hacer las comunidades: los páramos son parte del equilibrio ecológico. Si se los daña se altera el ciclo del agua, se enojan los espíritus, se daña el sutil equilibrio que sostiene todo lo que existe.

- Más de 6 millones y medio de hectáreas fueron despojadas por violencia en los últimos 20 años. La cosecha de la violencia paramilitar fue la tierra que luego convirtieron en monocultivos, por ejemplo de palma aceitera. La ONU registra que Colombia es el país con más desplazados del mundo. El despojo de la tierra se hizo a través de una guerra que desplazó del campo siete millones de personas. Los ricos de este país son tan caripelaos que celebran el dolor y aprovechan ese despojo mientras dicen que nosotros les robamos la tierra: para esconderse nos señalan. Mucha de la tierra de los actuales ingenios azucareros fue despojada durante la Violencia, que le dio además mano de obra barata al negocio. Otra parte viene como ensangrentada herencia de las familias conquistadoras y colonizadoras. Tierra robada. Tierra esclavizada y torturada, pues.

- El 70% de la comida que comemos en Colombia viene de pequeños propietarios. Claro, si los grandes propietarios dedican la tierra a monocultivos de caña, soya, palma aceitera y ganadería extensiva. Las vacas tienen más tierra que la gente: dos hectáreas por vaca.

- El agro colombiano ha sido abandonado para dar paso a la Colombia Minera. La ley ZIDRES busca entregar la tierra de los sin tierra (los baldíos de la nación) a inversionistas extranjeros, o entregar tierra a campesinos que quieran voluntariamente ser peones (“asociarse” a) de empresarios que saben cómo explotar tierra y gente. Y así no es la vuelta.

Vengamos al Cauca:

- Somos 1.300.000 habitantes. Son 3.000.000 de hectáreas. El 85,4% de los propietarios del Cauca tienen el 26,03% de la tierra en pequeñas parcelas. El 7,8% de propietarios es dueño del 60,22% de la tierra, más de la mitad de la tierra caucana. De ellos, el 0,52% domina el 15,63% de la tierra. Los Chaux, los Valencia, los Iragorri, los Arboleda han sido “dueños” de haciendas en tierra de resguardos del Cauca.

Según esos datos, tomados del estudio de una entidad estatal (el IGAC), una persona del club de los terratenientes es dueña -en promedio- de 890 hectáreas en el Cauca. Qué descarados: tienen tierra y quieren más.

- En el caso del Cauca, el largo y ancho de la tierra india llega a  612.000 hectáreas. La sociedad de agricultores y ganaderos del Cauca, SAG, o sea el club de los terratenientes, muestra los números a su conveniencia. Dicen que tenemos la cuarta parte del Cauca. Otra vez vuelta hay que mirar por debajo: Un estudio de la Universidad Javeriana dice que de esa tierra:

252.000 hectáreas son para que crezcan plantas y animalitos (vocación forestal)

75.000 hectáreas son páramos

25.000 hectáreas son tierras improductivas

91.000 hectáreas son aptas para cultivar

260.000 somos los indios e indias del Cauca.

Hagamos cuentas:

91.000 hectáreas divididas entre 260.000 personas, da 0,37

91.000 ÷ 260.000 = 0,37: un pedacito de  hectárea por persona.

Así que en realidad, en el Cauca, solo contamos con 91.000 hectáreas en total y con un pedacito por persona. De estas tierras se alimenta el Cauca, y eso que son tierras de baja fertilidad. El resto de tierra “nuestra” está al servicio del equilibrio de todo el planeta: selva, bosque, páramos: agua, aire, biodiversidad.

Vengamos al norte del Cauca:

- Las comunidades del pueblo nasa del norte del Cauca somos 111.642 habitantes, agrupados en 24.119 familias, en 20 territorios indígenas. Si de tierra hablamos, contamos con 206.288 hectáreas. De estas tierras, el 82% (169.156 hectáreas) sirven para dejar crecer el monte y los animalitos nomás. Solo el 18% (37.132 hectáreas) son aptas para actividades agropecuarias. Como vivimos arrinconados contra las peñas nosotros mismos nos vemos empujados a golpear la Madre Tierra cerca de los ojos de agua, las cuencas, los páramos y los sitios sagrados. La falta de tierra es el dolor de cabeza de Uma Kiwe. Traducción: el escaso acceso a la tierra desequilibra los ecosistemas y genera crisis múltiples en el Planeta Tierra.

- La mayor parte de la tierra plana del norte del Cauca está sembrada de caña, unas 250.000 hectáreas en la región, para producción de azúcar y agrocombustibles. Los ingenios azucareros consumen 25 millones de litros de agua por segundo, tomados de los ríos, quebradas y de 2000 pozos profundos.

- A pesar de lo apretados que estamos en los puchos de tierras que tenemos, cuidamos 26.200 ojos de agua y 123 lagunas naturales. Los mercados de los pueblos del norte del Cauca se surten de comida india, así como también de comida campesina y afrocaucana, comunidades también arrinconadas en puchos de tierra. El agua de los acueductos del norte es sembrada y protegida en las partes altas de los territorios indios, pero cada vez más vulnerables.

Ahora hagamos cuentas, saquemos promedios:

37.132 hectáreas dividido entre  111.642 habitantes, da: 0,33 hectáreas por persona. O sea, la tercera parte de una hectárea.

37.132 ÷ 111.642 = 0,33: un pedacito de  hectárea por persona.

Ahora veamos otras cifras. Dicen los estudios más actuales que para el caso del Cauca la unidad agrícola familiar, UAF, el pedazo mínimo que debe tener una familia para sostenerse, debe ser de 13 hectáreas (algunos estudios recomiendan 20 hectáreas como tamaño mínimo para una parcela caucana). Trabajemos con la cantidad baja, 13 hectáreas por familia, y saquemos cuentas:

24.119 familias x 13 hectáreas = 313.547 hectáreas totales. Es lo que necesitamos para sostener el plan de vida.

Ahora:

313.547 hectáreas – 37.132 aptas para actividades agropecuarias que ya tenemos = 276.415 hectáreas. Es la tierra que nos hace falta para que puedan convivir tranquilamente: gente, animales, plantas, microorganismos y espíritus. ¿Y sino cómo?

¿Cuál es la necesidad de tierra de las comunidades campesinas y afros del norte del Cauca? Pensamos que la tierra debe ser para todos los pueblos y la lucha por liberarla, conjunta.

Vengan ahora un par de reflexiones, dejando atrás el cansón sonsonete de los números:

Ahora ya queda claro quiénes acaparan la tierra en Colombia y algo hemos dicho de cómo se hicieron a ella. Robando, robando se la fueron ganando. De esta tierra hicieron gente esclava y a costa de gente y tierra hicieron riqueza. No es nuevo, la cosa viene de tiempo atrás.

Al ritmo que fueron acabando con la selva y la montaña fueron acabando con los animales. Los pocos que sobreviven fueron desplazados y hoy viven espantados en pequeños rincones de monte. Del valle del río Cauca la casi totalidad de selva y animales fue eliminada para dar paso a extensas plantaciones de caña. Un ecocidio. Para que este ecosistema recupere su salud debe volver a poblarse de plantas y animales. Ellos son quienes más anhelan la libertad de Uma Kiwe.

Y así, sabiendo ya quién acapara robando sabemos quién es que extermina esclavizando. Y torturando. Porque con todo lo dicho el problema ahora no es solo la explotación de la tierra y la gente en condiciones de esclavitud, esa es una palabra que ya se queda corta. Ahora se trata de su asesinato por tortura y desmembramiento. No solo administran por goteo el dolor humano, ahora lo hacen también con el dolor de la Tierra.

Desde  Colombia, el club capitalista arranca de tajo los árboles a los bosques y selvas, invade los páramos y los pretende para minería, disminuye, desaparece y envenena ríos y a los que no, les chupa el agua para monocultivos y minería, envenena el suelo y el aire, llena de basura campos y ciudades… El desequilibrio genera inviernos alocados y sequías que asustan. Las ciudades se han convertido en lugares donde la basura de vidrio y plástico se confunde con la basura de carne y hueso, gente que sobra porque no tiene con qué comprar, ni siquiera es reciclable como la otra. Simplemente sobra. En Popayán los mendigos rondan todo el parque de Caldas: la gobernación, la Catedral. De Bogotá los expulsan por ensuciar su imagen y los riegan por Colombia. Pongan la linterna sobre el rostro de un mendigo. Pongan la linterna sobre el rostro del jaguar. Pongan la linterna sobre un árbol de la costa Pacífica, pongan la linterna sobre el rostro de un niño wayú... La Tierra grita que ya no aguanta más.

¿El capitalismo escucha? ¿Sus voceros en Colombia se duelen? Eso había mandado a decirnos uno de ellos hace poco, que les duele lo que pasa. No les creemos.

Escuchan y celebran. Disfrutan el dolor que causan. Brindan y siguen trazando planes. Además de lo ya mostrado, el capitalismo se ha jugado sus cartas por el Cauca. Van unos ejemplos:

- 500 mil hectáreas -la cuarta parte del departamento- están siendo exploradas en busca de petroleo desde la bota caucana hasta el Parque de Caldas. Incluso exploran la plataforma marina y no respetan ni a las ballenas que llegan por tiempos a disfrutar de las maravillas de la vida en ese rincón del Pacífico.

- En la costa caucana se proyecta un puerto de aguas profundas que será el más importante sobre el Pacífico.

- Dos grandes carreteras de un megaproyecto (IIRSA) se encontrarán en el centro del Cauca.

- Los buscadores de metales tienen títulos y derechos de exploración en 25 municipios del departamento, un área de unas 900.000 hectáreas. En el norte del Cauca hay 89 solicitudes de exploración.


Cómo vemos la cosa hoy en día

Goliat no ha caído, sigue en pie. Apenas se tambalea. La sorpresa del ataque lo ha dejado entumido y en el silencio y la quietud mastica su odio infinito, la trama de lo que vendrá como venganza y reprimenda. Que partan al Cauca en dos, dijo una de sus voceras, una para los indios y otra para los buenos. Que acaben con los indios, el gran estorbo, dicen muchos.

Este Goliat es uno y muchos al tiempo. Es Incauca y el resto de ingenios, es el establecimiento, el poder económico y político de Colombia; es el aparato militar y paramilitar; es el sistema financiero colombiano y mundial. Es la sociedad patriarcal. Todo lo mismo, todo el pretendido único pensamiento que hoy aplasta al mundo. Viene desde la primera arremetida, la Conquista. Nuestra pelea sigue siendo contra los conquistadores de nuestras tierras. Goliat sigue en pie y se va a defender como un animal herido. Porque herido está. Y con odio, y con desprecio y asco por nosotros.

El poder que nos conquistó nos sigue conquistado. El terraje no ha terminado. Ahora todos los pueblos somos terrajeros a una nueva modalidad: jornaleros, esclavos con sueldo de patrones que no vemos, que se esconden detrás de oficinas de cristal en lugares lejanos del mundo, protegidos por escudos tecnológicos y anillos de seguridad del aparato militar mundial, desde donde engordan sus ganancias.

Así, dominan, esclavizan y torturan la Tierra y la gente. Administran el dolor. Reparten territorios, encadenan y programan la producción, reparten porciones de población según sus necesidades, como si fueran pasteles de sus banquetes. La que sobra, sobra. La hidra que todo lo controla, como dice la familia zapatista. Crea guerras para ir desplazando, asustando y controlando y robando. La tormenta. El teatro de operaciones a escala mundial. La guerra contra Uma Kiwe en su ofensiva final:

Vienen a raspar la olla. Y lo que hay en el culo de la gran paila no es nada despreciable: oro, petroleo, muchos minerales, gas, agua, oxígeno, biodiversidad. Es mucho pero es lo último. Es tanto que se les abre... de la codicia, es tanto que reventará sus cuentas bancarias. Pero es lo último. Es su cuenta bancaria o la vida. Es cumplir el placer de su codicia o la vida como la conocemos. Pues sepan que la Madre Tierra no va a aguantar el tramacazo.

En Colombia está claro: vienen a hacer la fiesta en paz, como dijo un mayorcito cabecirrucio. Es el inicio de una nueva etapa de violencia. Ahora le declaran la guerra al medio ambiente, dice el hombre.

Este sistema con todo su poder y marrullas nos fue arrinconando y apretando el cuello. No se contenta con convertirnos nuevamente a jornaleros-terrajeros-esclavos sino que nos explota al extremo. Arrinconados entre la caña y el páramo, entre el plan y la montaña, sometidos a formas de reducción, apretados en nuestra propia tierra, nos obliga a tomar partido, a resolver pronto y fácil. Así aquí, así allá, así más allá. El norte del Cauca es apenas una muestra del mundo.

A esta apretazón, unos han buscado acomodo, un mejor lugar, una zona más cómoda en la cual terminar de pasar el resto de la vida, probando las pocas gotas de miel que caen de la mesa del patrón. “Hay que ser estratégicos, hay que aprovechar esos recursos”, dicen. Boquisabrosos, dijo una mayora nasa.

En este contexto, en este cruce de caminos de la historia, hay un reagrupamiento, un reacomode de las fuerzas y los movimientos. Las placas se sacuden y hay terremotos. En medio de la tormenta, en medio de la apretazón a que nos han sometido, la gente organizada, los movimientos toman posición.

Unos quieren tomarse el Estado por la vía electoral. Pero el progresismo llegó a su techo y viene de regreso. Y cómo no si en medio de la tormenta pactaron con los patrones la entrega de gente y territorios.

Otros movimientos, al no poder tomárselo, pactan con el Estado un trato de buen entendimiento a partir del reconocimiento de derechos, que más bien son migajas, goticas de miel. El resultado de ese amaño (noviazgo), con galanteo y caramelos, es la institucionalización de los movimientos. Mejor dicho, el adormecimiento de la tradición de lucha. De este modo, muchos movimientos dieron el paso y se casaron con el Estado. Conversión a lo que siempre hemos enfrentado. Hicieron un nido dentro del capitalismo con el ropaje y el discurso de los tiempos de lucha.

Pero hay una ofensiva desde abajo. Muchos pueblos, comunidades, grupos han tomado la iniciativa, se organizan, recuperan fábricas,  toman fincas y carreteras, liberan territorios, derrotan leyes a pulso, fundan caracoles, se le enfrentan al monstruo electoral para desnudarlo, enfrentan poderosos ejércitos y los derrotan, frenan oscuras serpientes destructoras, siembran miles de parcelas de comida sana, protegen las semillas, abren escuelas alternas, resguardan bosques, defienden el agua, liberan las ondas y el internet… La ofensiva desde abajo desconcierta a la ofensiva desde arriba.

Y así aparecemos en escena. La liberación de la Madre Tierra no es un nido dentro del Estado ni dentro del capitalismo. Liberamos la Tierra del capitalismo, nos liberamos nosotros mismos, para volver al tiempo en el que simplemente gozamos la vida comiendo, bebiendo, danzando, tejiendo, ofrendando al ritmo de Uma Kiwe. Somos un nido en el camino de la Madre Tierra.

Del rincón de la historia en el que nos han apretado, saltamos al centro y nos levantamos ante el poderío mundial económico, político, militar.  Es un acto de pura naturalidad, como la acción bélica de La Gaitana y sus guerreros. Una lectura desde del contexto mundial que no nos deja otra opción. Por la vida arriesgamos nuestra vida. Para que todos los seres seamos, arriesgamos nuestro ser.


Cómo lo estamos haciendo

Una joven nasa caminaba adelante balanceando sus dones. Bluyines azules, buso negro con rayas verdes, botas negras de caucho, pelo negro recogido en moño dentro de la cachucha. No había que tener mirada láser para reconocer sus encantos. Habíamos terminado de tumbar el surco de caña bajo un sol ardiente, con el sudor chorreando por todo el cuerpo y buscábamos agua en el callejón del cañaduzal. Cuando volteó a mirar, el centro de sus encantos pasó a los dos huecos de sus mejillas. Cuando abrió la boca se le vio completica el alma:

- No se ha despertado mi hijo, porque no me rascan las tetas.

Nuestra vida en la liberación es una fiesta. Consiste en el sencillo oficio de cortar la caña para sembrar comida. En medio, tenemos tiempo para jugar, para mirar y admirar, para burlarnos de quien corta mal, de quien corta muy lento, de quien corta muy rápido. De quien sale con una pacora grandotota que solo con cargarla pesa, pero el peso es lo que corta, compañero; de quien sale con un machetico que a duras penas serviría para picar cebolla, pero algo es algo, compañera.

Desde que entramos en las fincas hemos cortado muchas, muchas hectáreas del monocultivo de miles de hectáreas de caña que están sembradas en el norte del Cauca para producir azúcar y combustible. Azúcar que endulza refrescos hechos del agua que baja de nuestras montañas. Combustible que mueve carros que comercializan los refrescos y ganan mucho dinero. Dinero que financia la guerra, los batallones que siguen presentes en nuestro territorio y nos siguen amenazando y nos siguen matando. El círculo que esclaviza a Uma Kiwe.

Hemos sembrado muchas, muchas hectáreas de comida: maíz, fríjol, yuca, plátano, zapallo. Esperamos a que el dueño aliste el terreno y entonces entramos a la siembra. Algo hemos cosechado. La gran mayoría de las siembras a punto de cosecha han sido destruidas en operativos gigantescos, propios de un teatro de operaciones tipo Avatar, que combinan fuerzas en tierra con ejército, carabineros, tanquetas, policía antimotines -ESMAD- y maquinaria destructora y fuerzas en aire con helicópteros militares. Es increíble que una mazorca de maíz genere tanto miedo en las altas esferas. Nos han dañado las cosechas, lloramos y volvemos a cortar y a sembrar. Y nos han vuelto a dañar la cosechas y hemos vuelto a llorar y vuelta a cortar y vuelta a sembrar. No tenemos afán y no tenemos miedo.

De la comida que hemos cosechado hemos hecho envueltos de choclo (maíz tierno) y otros manjares y hemos comido delante de los policías. Imaginen el golpe sicológico. Hemos hecho chicha que hemos compartido en festividades, como la de diciembre. Dentro de las fincas adelantamos la Minga (escuela) de comunicación en encuentros de cuatro días, y hemos bailado allí hasta las tres de la mañana con la fuerza armada atrincherada a 200 metros. Triunfos sicológicos imposibles de pintar con palabras.

En La Emperatriz celebramos los 45 años de lucha del consejo regional indígena del Cauca, CRIC, con participación de unas 1500 personas. Entre muchas otras cosas recordamos que nuestra plataforma de lucha habla de recuperar y ampliar el territorio. Y que para nosotros la paz, una palabra que no usamos, es la tierra: libertad, equilibrio, armonía. Ese día, a los ojos del mundo, junto a la carretera principal de la región, fundamos la nueva aldea.

Sí, señores y señoras: En las fincas en proceso de liberación, hemos fundado aldeas con cocina, letrinas en tierra, charcos para nadar, sede para reuniones, tulpas para nuestras ceremonias sagradas y varias chozas al rededor. Las aldeas de la liberación han sido sede de reuniones, de juego, de encuentros de capacitación, de mingas artísticas, de llegada de visitantes de muchos lugares de Colombia y del mundo que no quieren ver desde la barrera cómo David encara a Goliat.

Hemos sostenido fuertes confrontaciones con la policía antidisturbios y nunca nos han derrotado. Con todo el armamento que tienen, porque están apoyados por el ejército, por seguridad privada y por civiles armados, tuvieron que construir trincheras o barricadas en La Emperatriz, único lugar en Colombia donde han tenido que recurrir a ese sistema. Desde allí disparan balas y gases para enfrentar a gente con machetes, garrotes y caucheras. Una de esas balas mató a Guillermo Paví.

Hemos hecho reuniones con comunidades campesinas y afrodescendientes para debatir y acordar. Hemos logrado acuerdos y vamos haciendo mingas conjuntas. Vamos a ir convocándonos y juntándonos. Sumando fuerza para liberar juntos. Si hay oídos receptivos seguimos andando. Si no, seguimos andando.

En Quitapereza, sitio donde la alcaldía municipal pretende construir un basurero regional, ampliando el actual, la comunidad ha resistido y va ganando la pelea. Se ha valido de una tutela, un arma jurídica, para frenar el proyecto hasta que se realice la consulta previa.

A las 11 y media de la mañana, Milena se rascó los senos. A almorzar, pueblo. Hicimos la fila para recibir sancocho de vaca mientras Milena llegó a sombrearse para amamantar a su bebé. Echamos cuentos, nos reímos, almorzamos, nos seguimos riendo, programamos y nos fuimos con una sonrisa en los labios. Y con dolor en el brazo y con las manos ampolladas y con los dedos llenos de pelusa de caña: y con una sonrisa en los cachetes celebrando. Pues de salida pasamos viendo cómo levanta de bueno el maíz sembrado hace dos meses: un paso más en la liberación. Le estamos devolviendo la alegría a la Madre Tierra.


Cómo responde el poder

En medio de uno de los tantos intentos de desalojo en la Empera, José sintió la recalzada impactar su cuerpo. Son cartuchos de gas lacrimógeno que los rellenan de puntillas, bolas de cristal y trozos de metal. El ESMAD los dispara con el truflai, su arma de disparar los gases y ahora las recalzadas. Lo apuntan al pecho, a las piernas, a la cara, a donde caiga. Con disparos de recalzadas mataron a dos compañeros nasas durante la última movilización de junio. El informe oficial de la policía: “no fuimos nosotros, murieron por impacto de arma artesanal”. José corrió cojeando hacia el lugar donde atendían a los heridos pero no se detuvo. Lo llamaron por su nombre pero siguió de largo hacia su casa con el rostro adolorido y su cuerpo sangrando. Ya en su casa se tendió bocabajo en la cama y le dijo a su compañera:

- Mija, me hirieron la nalga.

Al ver la fuerza de la comunidad, Goliat saca estrategias para frenar el camino de liberación de la Madre Tierra:

Lo primero que hace es una campaña mediática para dañarnos el caminao, como le dañaron el caminao a José. Riega la idea de que tenemos mucha tierra y queremos más. Pero ya ven cómo el amigo Freud llama a esto “proyección”, o sea que nos achacan a nosotros lo que ellos son. Argumentan que tienen títulos legales y que somos roba tierra. Pero ya vimos arriba quienes son los que roban.

Enseguida, que puede ser a los minutos o a los días, hace operativos militares como si estuvieran en la Tormenta del desierto. Nos han hecho más de 200 intentos de desalojo en vano. Hemos tenido más de 200 heridos, mutilados, tres muertos. Con inmensos operativos destruyen las siembras a punto de cosecha. Han montado bases militares o policiales en las fincas o cerca de ellas para reprimir las mingas. Han destruido las aldeas y los sitios sagrados que hemos construido en ellas. Hay operativos de vigilancia e inteligencia cerca de las aldeas de la liberación.

A través de los medios difunde el racismo. Hoy ser indio es de lo más despreciable de la sociedad. “Esos indios”, “los que no trabajan”, “el Estado les da todo y piden más”. Alcaldes como el de Corinto y el de Santander crean un ambiente dañino y de conflicto entre comunidades.

Envía emisarios o razoneros a negociar nuestra retirada mientras planea los desalojos y las fumigaciones con glifosato, la nueva estrategia. Así que Monsanto-Bayer no se queda por fuera de la película. Ofrece proyectos, “tratos razonables”, “hablar como gente civilizada”. Respuesta: Gente civilizada somos. Por eso liberamos la Madre Tierra.

En la estrategia jurídica van de la mano. Por un lado presionan a los propietarios para que no ofrezcan en venta las fincas, mientras siembran en la opinión pública que “ni un metro más de tierra para los indios”. Se oponen a la ampliación de los resguardos. Promueven el conflicto entre indígenas al ofrecer entrega de lotes en las fincas en proceso de liberación, juego entre un propietario de finca y el alcalde de Corinto. Hay 17 órdenes de captura, 10 compañeros judicializados, entre ellos gobernadores indígenas.

Desde hace un tiempo un propietario de finca ha conformado un grupo de seguridad privada, integrado por trabajadores y exmilicianos de la guerrilla, que utiliza armas de corto y largo alcance y dispara contra las mingas, causando heridos dentro de la comunidad.

En los últimos meses el aparato paramilitar se mueve en la región. Ya han hecho varios intentos de golpear el proceso de liberación de la Madre Tierra.

Así que Goliat está de pie, disparando y fumingando. La comunidad dice permanentemente: aquí vamos a seguir hasta liberar la Madre Tierra.


Lo que vamos a ir haciendo

Lo que vamos a hacer es plantarnos en un tiempo nuevo. La etapa en la que ha entrado el pueblo nasa con la liberación de la Madre Tierra. Es la Tierra la que nos ha llamado a este tiempo y la hemos escuchado. Cuando decimos tiempo nuevo nos referimos a un viejo tiempo. Volver a las raíces. A la sabiduría profunda del pueblo nasa, que es la sabiduría de la Tierra. Poco a poco. Del pasado depende el futuro del planeta Tierra. Y como hemos dicho: desalambrar la tierra depende de desalambrar el corazón. Tierra y corazón, la misma cosa son.

No es que ya la tengamos toda clara. El corazón es un territorio ocupado. La principal ofensiva del poder se ha ensañado contra él. ¿Que ya no suenan los cañones? Escuchen los bombarderos, la artillería pesada, los tanques militares como disparan al centro mismo del corazón nasa. A las balas de plomo se agregan las balas de plata. Por eso es que decimos que esta paz del gobierno no nos representa y no resuelve, al contrario  va a ahondar el neoliberalismo, va a profundizar la invasión. Para ellos el corazón nasa estorba. Ese es el nuevo teatro de operaciones. Por eso es que se gorgojea, por eso se debilita. Y al darnos cuenta de ello es que podemos decir que vamos a sanarlo, que vamos a desalambrarlo. No se sana en los libros, por mucho que sirvan, no se sana en las pantallas. Lo que hemos pillado es que se va sanando en las fincas, entrando en ellas no como un desquite sino como un gesto de amor por la mamá que un día nos trajo sanos a recorrer el encanto de la vida. Por eso ya será la voz de esa mamá la que nos hable. ¿Quién más? Solo ella le disputa el corazón a los tanques, la aviación, la artillería. Su voz es el río profundo, y nosotros hemos entrado en él.

La Madre Tierra es un ser viviente, eso que llaman un superorganismo vivo. Todo lo siente, todo lo piensa, todo lo organiza. Nosotros, los humanos, somos apenas una puntada del tejido de la gran yaja del planeta. Somos porque otros seres son. Y sin embargo otros seres dejan de ser para que nosotros seamos. El sistema capitalista daña el tejido de la vida hasta el punto de desequilibrar la balanza. Tampoco seremos los salvadores de la vida, la Tierra solita sabe cómo sanarse. Las lomas peladas se reforestan por sí solas si las dejamos en paz. La Madre Tierra jamás llenará las cuencas de pino y eucalipto. Los humanos pueden elegir entre ser depredadores, estorbos o ayudantes.

Los dueños de las fincas, como capitalistas que son, no escuchan. Goliat querrá mantenerse. Preferirán morder la rabia y retorcerse. No es que Uma Kiwe no les hable, lo hace. Pero ellos han decidido enviarla al ancianato, como acostumbran ciertos hijos cuando sienten que la madre estorba. Nosotros tenemos que confrontar con ellos en las mingas y en los tribunales, no nos queda otro camino. Sin embargo, a pesar de todo el daño que han causado, con muertos, heridos, mutilados de por medio, no los odiamos, no los despreciamos, cuando nos pidan un vaso de agua se lo daremos. Como dice el pueblo uwa: después de todo, si el oso es nuestro hermano, más lo es el hombre blanco. Algún día estas fincas volverán a nuestras manos y el agua, el aire y la comida que de ellas brote hará felices a sus nietos.

Por nuestra parte, como la liberación va para largo, vamos a mantenernos ocupados. Lo que sigue es lo que vamos a hacer. Por ahora lo nombramos. En su momento, daremos detalles de cada uno. Cada acción, cada paso, son zancadas para alcanzar el sueño de liberar la Madre Tierra. Van:

1. Vamos a entrar en otras fincas. Y en todas vamos ir cortando y sembrando para devolverle la alegría a la Tierra.

2. Vamos a hacer una minga de recorrido por el territorio. El territorio es el mundo. En cada sitio vamos a ir desalambrando y desalambrándonos. Contando, tejiendo.

3. Vamos a hacer un encuentro zonal de liberadores y liberadoras.

4. Vamos a hacer una escuela, una telaraña de comunicación para tejer a lo lindo: una minga de comunicación.

5. Vamos a hacer una escuela para la pedagogía de la liberación, convocando gente y movimientos y procesos que anden en las mismas para desalambrarnos en montonera. Y para tejer a lo lindo.

6. Vamos a hacer un encuentro de liberadores y liberadoras de la Madre Tierra convocando a gente, movimientos y procesos que anden en las mismas en Abya Yala. Para contarnos, para tejernos.

7. Vamos a hacer la marcha de la comida, vamos a compartir la cosecha de la liberación con gente arrinconada en barrios pobres que el capitalismo ha ido creando en las ciudades.

Una cosa queda clara. Son varias pero es una sola:

No vamos a salir de las fincas. No vamos a negociar proyectos o a recibir nada distinto que no sean las fincas que ahora ocupamos. Este es un proceso autónomo de las comunidades caminando los puntos de lucha del CRIC. Estamos acompañadas de nuestros cabildos. Los puntos de liberación caminamos de la mano. No vamos a dejar que nos dispersen. No tenemos voceros externos, nosotras y nosotros mismos nos voceramos. Y vamos a estar pendientes de que nadie se aproveche de este proceso. El sudor y las ampollas, la herida de José, el bebé de Milena, el pacto de Julia, los tuertos y mutilados, los compañeros y compañeras judicializados, los muertos y sus familias nos hablan patente: que nadie negocie con nuestra lucha.

No tenemos afán. Cuando llegue el momento de “negociar” será dentro de las fincas y el único trato aceptable será su libertad. Ese día ya no serán fincas, serán Uma Kiwe.

Las banderas rojas y verdes acompañan nuestra lucha y se estremecen con ella en cada punto de liberación. ¿Ustedes no?

Proceso de liberación de la Madre Tierra

Pueblo nasa, norte del Cauca, Colombia

16 de diciembre de 2016.


El gobierno ordena el desalojo de La Emperatriz. A la paz todavía no le vemos la nariz

Escrito por liberemoslatierra 17-10-2016 en Comunicados. Comentarios (0)


La noche del jueves 13 de octubre, la alcaldesa de Caloto, María Liliana Ararat, dijo que haría cumplir la ley ordenando el desalojo de fincas que están en proceso de liberación de la Madre Tierra. Muy temprano, el viernes, llegaron el ejército, la policía, el Esmad y la prensa a la aldea de liberación de La Emperatriz a desalojarnos.

Sin embargo, a pesar de que fueron más de 1200 integrantes de la fuerza pública (?) no lograron cumplir la orden de desalojo. Hicieron lo de siempre: dañaron, saquearon y sembraron miedo.

Más se demoraron en entrar que la comunidad en acudir a la resistencia. En menos de lo que canta un gallo el lugar de llenó de pueblo nasa.

Un grupo de Esmad dañó la sede que la comunidad tiene para reuniones. Consistía en un auditorio hecho en guadua con techo de hoja de caña, tumbaron y quemaron. Dañaron la cocina y el lavadero. La huerta de tomate, maíz, fríjol y verduras la destrozaron. Las gallinas y pollos se los llevaron. Los que no pudieron llevarse los mataron y dejaron ahí tirados. Bueno, señores comandantes de la fuerza pública ¿qué es lo que ustedes enseñan a sus hombres?

Otro grupo de Esmad se metió al resguardo a sacar a las personas de sus casas. Como toda la comunidad estaba resistiendo el operativo militar los niños estaban solos en las casas. No les importó a los hombres de negro encañonar a los niños y gritarles que sus papás salgan de las casas. Hola señores comandantes ¿qué tipo de gente es que tienen en sus filas? ¿No les da vergüenza?

Otro grupo de Esmad se metió a saquear la casa de un comunero. Se metieron a la casa, tiraron todo al piso, dañaron lo que pudieron y lo demás se lo robaron: remesa, huevos. A ver señor Santos ¿a esta gente del Esmad el Estado no les paga una mensualidad? Venir a un resguardo a llevar remesa… Si piden por las buenas hasta se les regala.


El resto, un grueso número, se dedicó a disparar balas, gases y recalzadas (cartuchos llenos de puntillas, fierros, cristales). Tenemos cinco compañeros heridos -entre ellos uno por arma de fuego de largo alcance- y varios golpeados, una vivienda saqueada, una huerta destruida y la sede de encuentro arrasada.

Lamentamos que en medio de la confrontación haya muerto un integrante de la policía. Frente a este triste hecho decimos junto a nuestro cabildo de Huellas: Es una “situación de lamentamos profundamente ante sus familiares y amigos, entendiendo que los responsables directos son el gobierno nacional y algunos empresarios que prefieren continuar enfermando la madre tierra con el monocultivo de la caña para la producción de los biocombustibles que limita la siembra de alimentos de campesinos, indígenas y afros”.

Mientras unos echaban bala, otros gases, otros recalzadas, los tractores tumbaron lo que pudieron y luego dejaron el terreno arado. La comunidad dice: nos dejaron trabajo adelantado, hay que planear la minga de siembra.

Hermanos y hermanas del planeta Tierra, les comunicamos: no lograron desalojarnos. En la finca vamos a seguir. Ya que el terreno está preparado vamos a sembrar. Vamos a construir nuevos ranchos y a renovar la sede. No tenemos afán, esto va para largo.

Ahora, echémosle cabeza a un asunto. Una alcaldesa que vota por la paz y un presidente que negocia con guerrilleros pintan bien, hasta para el nobel de paz. Ahí los vemos bien. Y entonces ¿qué es ese trato a la población civil? La paz es de obligatorio cumplimiento. Somos parte de la diversidad étnica y cultural y la Constitución ordena protegernos. Santos y Liliana, hagan lo mínimo, cumplan la Constitución.


El proceso de liberación de la Madre Tierra conmemora el 12 de octubre movilizándose por la libertad de la Madre Tierra

Escrito por liberemoslatierra 14-10-2016 en Comunicados. Comentarios (0)


El día 12 de octubre Uma Kiwe amaneció contenta. Un grupo de comuneras y comuneros nasa del resguardo de López Adentro abrió un nuevo punto de liberación de la Madre Tierra, ubicado en la finca Vista Hermosa. Desde hace varios meses la comunidad venía preparándose para esta acción y hacía varias semanas había decidido la hora cero: 12 de octubre, el día de la libertad de la Madre Tierra.

Al mismo tiempo, muy temprano, comunidades del resguardo de Huellas entraron a trabajar en La Emperatriz a preparar el terreno para la siembra. Después pasaron al almuerzo de sopa de maíz. La guardia indígena y un grupo de liberadores y liberadoras de la Madre Tierra hicieron por un momento el semáforo en la carretera central que va de Santander a Corinto: de manera muy cordial, con toda la educación del caso, pararon los carros que pasaban y le fueron dando un mensaje a los pasajeros:

La Tierra está en poder de unos pocos que la tienen esclavizada. Nosotros no tenemos tierra, vivimos apretados, ustedes no se alimentan de la caña sino de la yuca y el maíz, del agua y del aire que nace en las montañas que nos nutre a todos. Estamos liberando la Madre Tierra para que haya comida, agua y aire para siempre. 

Cerca de allí, en Vista Hermosa, la nueva aldea de la liberación, llegó un enviado del dueño de la finca, que sirve a los ingenios azucareros de La Cabaña y Río Paila. No llegó solo, llegó acompañado del ejército, cuatro camionetas de seguridad y dos elicópteros y una avioneta que sobrevolaron la zona. El mensaje: “No hagan las cosas así, sentémonos a conversar como gente civilizada. Salgan de la finca y conversamos”.

La respuesta de la comunidad:

Gente civilizada somos. Por eso liberamos la Madre Tierra. Si lo que quiere decir es que nos sentemos a conversar pues nos sentamos. Aquí mismo en la finca hasta que la liberemos por completo.

El enviado se fue.


Es que tenemos memoria. En La Emperatriz firmamos un acuerdo en 2005 y salimos. Tuvimos que volver a entrar en 2015 porque de aquello nada. Al perro no lo capan dos veces.

La comunidad terminó de sembrar el maíz. Almorzó y luego se dio a los deleites de la conversa comunitaria con chicha, música y videos.

En La Empetriz, aldea de la liberación desde marzo de 2015, siguió el grupo musical acompañado de buena chicha. Hubo además carteleras, videoforo, reportes radiales en directo y ambiente festivo todo el tiempo. Nos entregaron dos noticias:

- Los días 10 y 11 de octubre, esta misma semana, las comunidades de Concepción y Las Delicias entraron a trabajar en la finca La Pirámide, en Quilichao. Sembraron, conversaron, celebraron. Y se quedaron en la finca.

- Esta semana se abren dos nuevos puntos de liberación en el norte del Cauca. Ya tendremos noticias.

Al escuchar, levantamos los vasos de chicha y brindamos.

Claro. El país se moviliza por la paz después del 'no', nosotros nos alegramos porque sentimos que Colombia despierta. Saludamos al país que se levanta. Ojalá venga mucho más y ese más sea la paz desde abajo, desde los pueblos y no la de los de arriba que se sientan a repartirse la torta. Nosotros llevamos dos años de movilizarnos por 'nuestra' paz: tierra, comida, aire, agua. ¿Solo para nosotros? El aire y el agua son libres y la yuca y el fríjol van a los pueblos todos los días de mercado.

Estuvimos contentos y contentas todo el día. Uma Kiwe tiene memoria y se duele del genocidio que nos cometió la Conquista, genocidio que no termina aún. Pero hoy estaba caricontenta, la vimos sonreír y nos contagió.

Debe ser porque la idea la tenemos: son 524 años de resistencia; son 45 años de lucha organizada; son 10 años de volver a caminar el primer punto de la plataforma de lucha; y ya vamos para dos años de movilización permanente, sin pausa, sin descanso, con 10 puntos de lucha que se resumen en uno: Libertad para la Madre Tierra. Ya.

Posdata 1

A la entrada del municipio de Caloto se lee esta pancarta: “Caloto le dice sí a la paz”. Esta noche la alcaldesa de Caloto manifestó que ordenará el desalojo de la hacienda Vista Hermosa, que hará cumplir la ley. Alcaldesa, dos cosas: Una, hay una ley mayor que no habla de la propiedad privada sino que dice que la Tierra es nuestra madre. Dos, ¿qué pasó con lo de la paz? No hay paz sin tierra, no hay paz sin pueblo.

Posdata 2

El 31 de octubre se prorroga el cese al fuego bilateral entre el gobierno y las FARC. Bien por esa. Presidente Santos: ¿cuándo le declara el cese al fuego a la liberación de la Madre Tierra? Y de paso, firmemos un acuerdo: la entrega de la tierra a las comunidades que la están liberando. ¿Qué dice?


¡La Madre Tierra se pintó de colores!

Escrito por liberemoslatierra 27-09-2016 en Minga de Comunicación. Comentarios (0)

Minga de Comunicación por la liberación de Uma Kiwe

Nos saludó el Sol que se explayaba en La Emperatriz, tierra liberada en Caloto, municipio del norte del Cauca. La brisa y los árboles nos recibieron a quienes llegamos para minguear, para juntarnos y resistir. El bastón de mando del Mayor, marcaba en la tierra los pasos de su voz entonada. Al lado de él otros mayores, al lado de los mayores, comuneros y comuneras, colectivos, citadinos y citadinas que se resisten a la indiferencia, gente del otro lado del charco, representantes de la liberación de pueblos de otras latitudes, representantes de la liberación, también, de nuestros cuerpos. Porque entre lo que hemos aprendido en el primer encuentro de la Minga de Comunicación por la liberación de Uma Kiwe, es que así como a la tierra, al cuerpo y al corazón también hay que liberarlo.

Fuimos alrededor de setenta quienes llegamos a la Minga para desaprender los estragos de un conocimiento que no es nuestro. Hemos llegado a la Minga para aprender desde el camino del Sol; aquel que va en espiral hasta el corazón. Hemos llegado para minguear por el derecho a la tierra, porque sabemos que ella le pertenece a todas las comunidades indígenas y campesinas de nuestra Latinoamérica, desde antes del nacimiento de las fronteras. Hemos llegado porque somos Abya Yala, ¡y ya pues!, ya por eso, sabemos que estamos bienvenidos y bienvenidas a la casa amplia de nuestra Madre Tierra.

Sentados todos en comunión, en un auditorio de guadua y caña brava, abrimos el espacio de la Minga. Cuando nos presentamos los unos a las otras supimos que veníamos de territorios distintos, de tradiciones distintas; supimos que son muchos los procesos; que mientras en Bogotá se pelea por el derecho a la vida digna de los habitantes de la calle y de los recicladores, en Cali hay quienes pregonan los derechos por el autocuidado del cuerpo y  los derechos de la mujer. Al llamado de la Minga llegaron desde la selva del Pacífico para conversar sobre la autonomía alimentaria; desde el sureste de  México llegaron compañeros a compartir lo que han aprendido de la lucha desde nuestros compañeros zapatistas; también  llegaron cantos argentinos.  Hablamos de anarquismo, de los procesos anti-electorales, de medios alternativos, de procesos barriales y de tanto y tanto hablar de los problemas de por allá, de los problemas de otros territorios, de los conflictos en las ciudades, de la exterminación de los pueblos, de la opresión hacia las mujeres, nos dimos cuenta de que todos los problemas apuntan a lo mismo: el derecho a la tierra, el derecho al territorio, a lo que es propio y lo que se construye en colectivo; nos dimos cuenta de lo jodidos que estamos, y de que todos juntos, y así, reunidos en comunión, podemos hacer algo.

La Minga de Comunicación por la liberación de Uma Kiwe recibe el legado de la lucha que desde la época de la Conquista enfrentan los pueblos de aquí, del Cauca y de otras regiones de Colombia. Hereda la sabiduría de los liberadores y liberadoras de las tierras que les arrebataron a los pueblos ancestrales del Suroccidente. Esta Minga nace gracias al tejido que une a Abya Yala, gracias a la reivindicación de la memoria y a la organización del movimiento indígena del Norte del Cauca, al que le debemos la posibilidad de creer en un territorio pensado y construido desde abajo. Entonces además de alzar los bastones de mando, también se alzan nuestras voces, se alzan nuestras imágenes, la auto-representación y la comunicación propia y hecha de manera colectiva. Este empoderamiento de la comunicación es, también, la herencia de un movimiento que desde los años ochenta se apropió de las emisoras para que la radio que sonaba en las veredas transmitiera las ondas del conflicto que atravesaban los territorios. El movimiento indígena empuña bastones, alista caucheras, libera territorios y se auto-representa. Dentro del proceso de liberación de Uma Kiwe, somos conscientes de la importancia de contarnos, de echarle el cuento a otras personas sobre lo que estamos haciendo, antes de que algún medio hegemónico nos arrebate la posibilidad de contar lo que hacemos, porque eso sí, no nos quitarán el derecho a caminar la palabra. Aquí ‘la palabra sin acción es vacía’ y dentro del accionar está empoderarse de la comunicación conforme se lucha y se resiste. Esta Minga nos convoca para entre todos poder contar de todas las maneras posibles y siempre guiados por el espíritu de la liberación, que aquí hay quienes resisten por el derecho a la tierra; porque el 41,1% del territorio nacional de Colombia no le puede pertenecer más a solo el 0.4% de la población en Colombia. La tierra pa quien la trabaja y pa quien la cuida.

Con la luna, la Minga se preparó para el ritual de armonización, ceremonia del pueblo nasa en la que con chirrincho, tabaco, coca y otras plantas ancestrales armonizamos el cuerpo y el espíritu: ‘para que tengan un buen trabajo en estos días, con la mente conectada’, dijo el Mayor que presidió la ceremonia.


Recorrido por la Empera

Hacemos minga compartiendo en el territorio las historias de quienes liberaron la tierra, como en la Emperatriz en donde al segundo día caminamos juntos las casi 200 hectáreas de la hacienda, mientras escuchábamos al Mayor contar los relatos de su liberación, luego de que un día, allí mismo en 1991, los terratenientes y policías de la guerra planearan, una vez más, el exterminio de un pueblo: la masacre del Nilo, en la que 20 hermanos y hermanas fueron masacrados.



Presentación de Libertad y alegría con Uma Kiwe

Durante esta Minga uno de los momentos fuertes fue la presentación del documento que es suelo y aire del proceso de liberación de la Madre Tierra. Antes de lanzarlo al viento, como hacen ciertas plantas que ponen alas a sus semillas y las sueltan cuando cumplen todo su ciclo, lo estudiamos y reflexionamos en minga, cumpliendo el propósito del proceso de presentarlo en este encuentro y esperar el momento propicio para lo de lanzarlo al viento. Se trata de que la libertad y la alegría solo son posibles con Uma Kiwe.


Visita a las comunidades

Mingueros y mingueras de la comunicación estuvimos en La Dominga, Casas Viejas, La Selva, Bodega Alta, Chorrillos, La Trampa, El Nilo y Corinto, llenando cada comunidad de colores con estampados de ilustraciones y mensajes que diseñamos entre todos a favor de la Madre Tierra. Compartiendo en el trabajo comunitario en el día y en la tarde hicimos reunión y videoforo para seguir desalambrando el pensamiento.


Quema del primer cuetón

También para contarles que este encuentro de la Minga fue el momento escogido para lanzar 'oficialmente' la propuesta del Encuentro internacional por la libertad de la Madre Tierra. Ya quemamos el primer cuetón, ahora sí que venga lo que sigue. Cuando en nuestras comunidades hay festividades siempre se anuncia quemando cuetones, que son voladores de pólvora que estallan en el cielo causando gran alegría. El siguiente paso será lanzar la propuesta al viento.


Bailamos en la Empera

Al terminar el encuentro nos dimos unas buenas bailadas en tierra liberada. Acompañados de la buena chicha, alegramos el cuerpo con música raspa y una que otra salsa. El sonido era pequeño pero suficiente para que se escuchara a 200 metros de distancia. La casa de la hacienda La Emperatriz debe quedar como a esa distancia. Allí la policía, el ejército y los 'antidisturbios' cuidan el derecho a la propiedad privada.

Nos hemos encontrado para sincronizar nuestros pasos por el mundo con la liberación del territorio. La Minga tiene esa energía bonita de poner a todas las personas que la conforman en función de un bien común. Entonces la cotidianidad del lugar donde nos alojamos se convierte en espacio para el pensamiento colectivo, para la solidaridad, para la tolerancia, el aprendizaje, el intercambio con otras culturas, la conciliación. Cuando nos juntamos en la minga algunos de los que venimos de las ciudades desaprendemos costumbres que pueden resultar individualistas y aprendemos a vivir en comunión. Entre todos cooperamos y resistimos. Sabemos que la juventud citadina que ha llegado a este espacio también aporta energía y comparte con los pueblos el espíritu de la liberación de la Madre Tierra.